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Sor Lucía Caram “Es necesario hacer pedagogía de las revisiones visuales”

Estaremos sentenciando en futuro de muchos niños, niñas y adolescentes si no nos ponemos manos a la obra con la problemática

Sor Lucía Caram se define en las redes sociales como monja contemplativa y explica que de ella dicen que es una monja inquieta e inquietante. “Yo sólo intento ser feliz y hacer felices a los demás. Lucho por los derechos de la infancia”, explica. Como activista es impulsora de distintas plataformas y fundaciones que atienden a personas en riesgo de exclusión social y en situaciones de vulnerabilidad. Durante una de sus visitas a la Fundación Ramon Martí i Bonet, aprovechamos para hablar con ella para conocerla mejor, descubrir de dónde surgió su vocación y saber cuál es su relación con nuestra fundación.

Hoy acompañas a diferentes niños y adolescentes que forman parte del proyecto “Invulnerables” a realizarse una revisión oftalmológica. ¿Nos podrías explicar en qué consiste este proyecto de colaboración?

Conocí a la Fundación Ramon Martí i Bonet a través de la Dra. Viñas, oftalmóloga vinculada a la Fundación y amiga de la comunidad. Ella me puso en contacto con el dr. Martí i Bonet, quien desde el primer momento nos dijo que ponía su fundación al servicio de las personas más vulnerables. Nos explicó que toda la vida se había dedicado a cuidar y ayudar a recuperar la visión de las personas, primero abriendo su propia clínica oftalmológica, que se había convertido en la actualidad en un proyecto muy grande, y en los últimos años de su vida, dedicándose a las personas más vulnerables como una forma de devolver a la sociedad lo que ésta le había dado

Así, se firmó un convenio de colaboración con la Fundación del Convento de Santa Clara para que las personas usuarias de la Plataforma de los Alimentos pudieran acudir cada 15 días a la FRMB. Después de 2 años funcionando con mucho éxito y con una implicación personal muy grande por parte del Dr. Martí, cuando éste se enteró de que se ponía en marcha el proyecto “Invulnerables”, quiso hacer extensivo el proyecto a los niños de otros programas.

Y esto es, pues, lo que estamos haciendo hoy. Hoy se visitan 35 niños del programa, la mayoría de los cuales nunca han acudido a una revisión de la vista, y un grupo de 8 personas adultas de la Fundación. Durante la pandemia hemos tenido muchos casos de emergencia y la Fundació Ramon Martí i Bonet nos ha ayudado siempre. En su ADN existe una vocación de servicio, un compromiso hacia los más vulnerables, nunca hemos recibido un “no” por respuesta.

La pérdida del Dr. Martí, de hecho, ha afectado de cerca a muchas personas usuarias de la Plataforma de los Alimentos, a las que él había ayudado personalmente con estas revisiones oftalmológicas. Sin duda, su legado ha sido esa fundación, que mantiene muy vivo su espíritu de servicio a las personas que más lo necesitan.

¿Por qué son tan importantes estas revisiones?

Estas revisiones son muy importantes, especialmente para los niños. Pienso que si los niños tienen un problema de visión no tratado les podemos estar hipotecando el futuro. Por ejemplo, en una de las primeras visitas que se organizaron en la Fundación, acudió un niño de Manresa al que habían diagnosticado TDAH ya quien nadie quería tener en sus clases porque decían que molestaba mucho. Pues vino, le hicieron una revisión y resultó tener 4 dioptrías. No veía nada. Le pusieron las gafas y llegó a ser el mejor de la clase. En realidad, no tenía TDAH, sino que se aburría en las clases porque no veía.

El problema reside en que la familia, muchas veces por la misma situación de vulnerabilidad en la que viven, no detecta la problemática. Por ello, es necesario concienciarles de la importancia de estas revisiones y de que el cambio que supone en los niños y en su rendimiento académico es espectacular.

En algunas situaciones la revisión puede venir derivada desde el CAP, pero generalmente ahora ya no se realizan revisiones en las escuelas, y si se hace alguna y el paciente necesita gafas, las familias no pueden cubrir el gasto. Los presupuestos de los ayuntamientos son muy limitados y tampoco llegan a ellos. Por tanto, siempre se acaba dejando el caso a medio camino. A partir de ahí, nosotros hemos empezado a hacer pedagogía con las familias y así ya han empezado a tomar conciencia de la importancia de cuidar la vista.

En este sentido, la Fundación Ramon Martí i Bonet es una fundación que no sólo realiza acciones puntuales sino que es capaz de mantenerlas en el tiempo, y yo pienso que es muy importante poder mantener un compromiso en el tiempo con las personas, pero para ofrecerles un acompañamiento hasta que ellas puedan volar solas.

La FRMB atendió a niños y niñas del proyecto “Invulnerables” a quien les realizaron una revisión oftalmológica.

 ¿Recuerdas cuál fue tu primer contacto con la Fundación y su personal? ¿Cómo ha sido esa colaboración desde entonces?

Recuerdo especialmente el día que un equipo de la Fundación se trasladó a Manresa para hacer una formación al personal voluntario para que éste pudiera realizar un primer cribado que facilitara la detección precoz de los niños con problemas visuales. A partir de esta experiencia conocimos a unos voluntarios que se acabaron sintiendo parte de la familia de la fundación, Fernando y su mujer. Desde entonces se acercaron para colaborar con nosotros cada 15 días durante muchos años.

¿Y recuerdas alguna experiencia en la Fundación, algún caso en particular que te haya marcado en tu vida?

Recuerdo especialmente el caso de una señora, Gloria, que era analfabeta y vivía totalmente sometida a su marido. En su caso, la carta de derivación de los Servicios Sociales decía que no podía recibir ningún tipo de ayuda porque se consideraba que no existía perspectiva de mejora; por decirlo de otro modo, le habían dejado como un caso perdido.

Desde nuestra fundación detectamos el caso de analfabetismo de esta mujer y, a pesar de ello, la acompañamos a una de las revisiones oftalmológicas de la FRMB. Aquí le proporcionaron unas gafas y gracias a ello empezó a ver. También le acompañamos a un taller de costura, donde ahora va todos los días. Allí ha encontrado su lugar de socialización, que de algún modo también le ha ayudado a socializar mejor con su familia ya empezar a cuidar de sí misma.

Ahora para ella su vida es hacer muñecas en el taller y el beneficio que obtiene de la venta de estas muñecas se da en la Plataforma dels Aliments. Se ha convertido en una mujer con un empleo propio en la vida y, además, ha empezado también a enseñar a otras mujeres que provienen de una situación similar a la suya. Y el motivo de este cambio es básicamente que antes no veía y ahora sí, ahora no se quita nunca las gafas. Ella siempre me dice: “Yo, Lucía, soy persona gracias a que me pusieron las gafas. Y ahora veo y he descubierto que tengo unas manos que pueden hacer cosas”.

Nos hablabas ahora de estos casos que los servicios sociales pueden dar por perdidos, oa quienes en las escuelas no dan valor. Tú, desde tu experiencia en el voluntariado y después de todos los años que llevas, crees que como sociedad hemos aprendido algo o todavía nos falta mucho por aprender en todo el tema de voluntariado, la importancia de la visión y de ¿cómo tratamos este tipo de casos?

Yo creo que hay mucha gente que ya era solidaria ya raíz de la pandemia se ha vuelto aún más solidaria y ha renovado su compromiso de forma incondicional. También hay gente que puede haber visto de cerca la vulnerabilidad y puede haber subido al carro. Pero después tenemos poca memoria, y una vez hemos recuperado la vida normal, hay mucha gente que se olvida.

En nuestro caso, estas son las primeras revisiones oftalmológicas a las que acudimos después de la pandemia, porque hemos detectado cómo durante todo el confinamiento los niños han estado mucho más tiempo de lo habitual en contacto con pantallas y esto ha comportado unos determinados problemas visuales. La respuesta ha sido impresionante, es decir, han acudido todos los niños, muchos más de los que teníamos previstos, ya que se ha detectado esta necesidad, tanto desde nuestra fundación como por parte de los padres, y aquí les han abierto las puertas.

Por tanto yo pienso que todavía hay que hacer mucha pedagogía a nivel social, primero para concienciar a las familias de la importancia de cuidar la visión. Lo que no puede ser que la administración vaya a remolque en toda esta tarea, sabiendo que debido al seguimiento online de las clases los niños han estado mucho más en contacto con las pantallas y que esto ha comportado problemas a la vista. En este sentido, las administraciones no han hecho absolutamente nada para solucionar esta problemática. Hemos tenido que ir al sector privado, en este caso a la Fundación Ramon Martí i Bonet para realizar estas revisiones que consideramos urgentes para que los niños puedan superar un poco el tema de la brecha digital y al mismo tiempo cuidar de su vista. Por eso creo que en el tema de la vista se debe hacer mucha pedagogía.

Se habla mucho del impacto de la COVID-19 en la psicología, la cantidad de consultas que se han realizado e incluso que no existen suficientes profesionales. Pero este mismo discurso deberían replicarlo en el tema de la visión, ya que es evidente que el tema tecnológico y digital ha venido para quedarse, pero esto hace que también debamos tener presente toda la problemática visual que esto comporta. Estaremos sentenciando el futuro de muchos niños y adolescentes si no ponemos manos a la obra en la problemática visual.

Por último, ¿qué consejo darías a toda esa gente que está empezando en el mundo del voluntariado?

Yo creo que la solución para conseguir realmente este mundo mejor y más solidario que queremos tener es que hacemos la prueba de acercarnos a las personas de km 0, que a nuestro alrededor tienen alguna necesidad, y luego preguntarnos: con el que soy y con lo que tengo, ¿qué puedo hacer para que alguien esté mejor?

Y a partir de ahí, siempre con el corazón disponible, encontraremos alguna necesidad, algún dolor para aligerar, alguna persona que acompañar, alguna persona que necesita una simple sonrisa. Esto nos aportará un retorno de la satisfacción que nos ayudará a descubrir que es mucho más feliz lo que es capaz de compartir que aquel que está esperando recibir y que la vida le dé todo.

Muchísimas gracias por concedernos esta entrevista, Sor Lucía. Ha sido todo un placer poder conocer tus consejos y experiencias que has vivido, tanto de la mano de la Fundación Ramon Martí i Bonet como en tu largo recorrido personal dentro del mundo del voluntariado y los movimientos sociales.