La importancia de la atención temprana en infantes, en países con pocos recursos
El equipo de Early Intervention de la Fundación Ramon Martí i Bonet ha viajado recientemente a Tacna, en el sur de Perú, con un objetivo claro: mejorar la detección precoz de trastornos del desarrollo infantil, poniendo especial atención en la salud visual. Este equipo multidisciplinar, formado por dos psicólogas y una fisioterapeuta especializadas en desarrollo neurológico infantil, ha combinado formación, sensibilización e intervención directa con niños/as y familias de la región.
Cuando hablamos de detección precoz, nos referimos a la capacidad de identificar tempranamente posibles dificultades en el desarrollo infantil, ya sean neuromotoras, cognitivas, comunicativas o visuales. Detectarlas antes de los tres años es crucial, ya que el cerebro infantil tiene una gran plasticidad en esa etapa, y las intervenciones tempranas tienen un impacto mucho mayor y duradero.
Sin embargo, los problemas visuales a menudo pasan desapercibidos. A diferencia de otras áreas del desarrollo, los trastornos visuales no siempre son fáciles de identificar, ya que el niño/a puede adaptarse a su déficit sin expresar que “ve mal”, simplemente porque no sabe lo que significa ver con normalidad. Por eso, muchos niños con déficits visuales acaban siendo diagnosticados erróneamente con otros trastornos del neurodesarrollo, como el Trastorno del Espectro Autista (TEA), o incluso con problemas de conducta o dificultades de aprendizaje.
La detección precoz en oftalmología es fundamental, ya que cuando un niño no ve bien puede tener dificultades para relacionarse, explorar el entorno o adquirir lenguaje, lo que puede llevar a diagnósticos erróneos como el de TEA. La visión desempeña un papel clave en el aprendizaje y el desarrollo neurológico infantil. Muchos trastornos visuales como la ambliopía (ojo vago), el nistagmo o alteraciones visuales de origen cerebral pueden pasar desapercibidos durante los primeros años de vida, especialmente en contextos con pocos recursos. En este sentido, la atención temprana en oftalmología no solo mejora la salud visual, sino que también evita errores diagnósticos que pueden marcar el futuro del niño.
Durante la misión en Tacna, el equipo trabajó para formar a profesionales locales en la identificación de señales de alerta visuales y en la derivación oportuna a especialistas. Esto es especialmente importante en zonas con acceso limitado a revisiones oftalmológicas especializadas. Estos indicadores son clave para detectar trastornos como la ceguera cortical o el déficit visual cerebral. Una mirada experta puede cambiar por completo el enfoque de un diagnóstico y, sobre todo, el tipo de intervención y apoyo que recibe el niño y su familia.
Uno de los momentos clave fue durante una charla con familias de niños y niñas con TEA. La psicóloga Mercè Leonhardt, experta en detección precoz, identificó dos casos de niños con déficit visual cerebral que estaban siendo tratados como si tuvieran autismo. Este hecho puso de manifiesto la importancia de una evaluación visual precisa dentro del diagnóstico multidisciplinario.
Este tipo de errores diagnósticos son frecuentes cuando no se cuenta con las herramientas y conocimientos necesarios en salud visual infantil, y evidencian la necesidad de integrar la oftalmología en los circuitos de atención temprana.
Además de la intervención directa, el equipo participó en una rueda de prensa local para sensibilizar sobre la importancia de la detección precoz y la salud visual, e inició un curso de formación para profesionales de Tacna con el apoyo de las autoridades locales.
El proyecto no solo ha tenido un impacto clínico inmediato, sino que también empodera a largo plazo a profesionales y familias para realizar detección e intervención temprana. El modelo de la Fundación Ramon Martí i Bonet combina intervención directa, formación y sensibilización con una visión clara: asegurar que ningún niño/a quede atrás por falta de un diagnóstico visual a tiempo.