Más de 200 personas atendidas en la anterior comisión en el Chad
La optometrista del Instituto Catalán de Retina, Maria Ferraz, también voluntaria y colaboradora del proyecto de cooperación internacional en el Chad, de la Fundación Ramon Martí i Bonet, desde hace más de 7 años. A continuación, nos explica, en primera persona, su experiencia a la última comisión, el pasado mes de octubre.
Desde los inicios del proyecto, el objetivo principal ha estado consolidar el gabinete de optometría y oftalmología del Hospital Le Buen Samaritain de Yamena, así como visitar a todas las personas que necesitaban nuestra atención para mejorar su calidad de vida.
Esta última expedición había sido pospuesta el mes de junio, debido a la fragilidad política que sufría el país. Finalmente, llegamos el 22 de octubre. Nos encontramos el hospital con “el agua en el cuello”, puesto que el periodo de lluvias ha estado más largo de la cuenta y con más cantidad de precipitación. El río Chari estaba en peligro de desbordarse y se estaban construyendo diques con sacos para evitar que el agua entrara en el hospital. Había una brigada de 20 trabajadores día y noche que vigilaban las entradas de agua; como veis, también les está afectando el cambio climático.
En esta ocasión, el equipo de cooperantes estaba formado por dos enfermeros de quirófano, Carlota Solanich y Oriol Serna, la oftalmóloga Maria Luz Guardati (haciendo las cirugías de catarata y visitas al gabinete) y yo misma, optometrista (haciendo visitas y formación), todos bajo el amparo de la Fundación Ramon Martí i Bonet.
Estuvimos trabajando codo con codo con el resto del equipo chadiano durante los 13 días que duró la Comisión.
Las jornadas en el hospital son bastante largas: nos levantamos a las 6h para ir a almorzar y empezamos la consulta y el quirófano a las 7h, con una pausa para comer y descansar, aproximadamente a la 13h. Por la tarde, nos esperan más consultas y cirugías, hasta las 18h -19h de la tarde. La jornada de trabajo acaba a las 20h para ir a cenar y dormir temprano.
Durante las comidas del mediodía y anochecer coincidimos con los jesuitas que viven y trabajan en el Hospital, así como con otros cooperantes de diferentes nacionalidades y especialidades.

El primer día de trabajo, como caída del cielo, llegó una niña de cuatro años a consulta que había recibido una “picotada” con el pico de una gallina. Gracias a qué éramos allá le pudimos salvar el ojo: la dra. tuvo que ponerle 10 puntos en la córnea para cerrar la herida. Si no hubiéramos estado en el hospital y actuado con inmediatez, la niña hubiera perdido el ojo. Todos coincidimos que solo por eso ya mereció la pena esta comisión.
Nuestros compañeros chadianos, Sahada y Sadok, son dos enfermeros formados en optometría, desde hace 6 años. Gestionan el departamento y el gabinete de oftalmología. Además, desde ya hace unos meses, se ha incorporado el Dr. Erik, oftalmólogo chadiano que llevará la parte médica del servicio. Los tres forman un equipo increíble que junto con los enfermeros de quirófano y el equipo de la fundación hemos trabajado cada día de esta comisión, de sol a sol, para hacer 85 cirugías de catarata y pasar visitas a más de 200 personas. También hemos hecho unas 30 gafas y hemos puesto en marcha el campímetro, una herramienta muy importante por el control de glaucoma, enfermedad con mucha presencia en el Chad.
El glaucoma es una enfermedad ocular donde el riesgo de ceguera es muy grande si no se cumple con el tratamiento y no se diagnostica en edades tempranas, por eso es importantísima la prevención y las campañas que se hacen en el hospital.
Por otro lado, también hemos visitado niños y jóvenes donde la enfermedad está tan avanzada que pocas soluciones se los puede dar. Y esto es lo que nos deja más “tocados” a todos. Desde mi primera comisión el 2017, constato que cada vez más se tiene conciencia de la necesidad de prevención, el cumplimiento de los tratamientos y la cura de la visión de los niños y niñas. Los primeros años no asistían pequeños a consulta y ahora, en cambio, vemos muchos que podemos ayudar y proponerlos un tratamiento para intentar que no pierdan la visión y evitar la “ceguera evitable”.

Durante la estancia en el hospital nos encontramos con algunos problemas: la dra. Guardati sufrió la malaria que, por suerte y con el tratamiento que le proporcionaron en el hospital, en dos días de cama tuvo bastante para recuperarse y poder volver a intervenir. Oriol, el enfermero de quirófano, sufrió una infección en el dedo de la mano derecha y estuvo instrumentando a la dra. con una sola mano el último día.
Por mi parte, por las tardes después de la consulta, estuve formando a Sadok y Sahada en varios temas de optometría y poniendo en orden todo el material que nos trajimos en esta comisión.
El último día de visitas fue el día 3 de noviembre y como siempre ya quedó una lista de espera de pacientes para operar en la próxima comisión, en enero del 2025.